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Aprender a preguntar y recibir respuestas. 5 pautas de comunicación en familia.

Hablar con tus hijos.

En nuestro día a día nos encontramos ante la situación de querer saber sobre cómo le ha ido a nuestros hijos, qué tal lo han pasado, las experiencias que han tenido y cómo han resuelto sus problemas. Sin embargo, en muchas ocasiones no conseguimos nuestro objetivo. Puede que no sepamos muy bien cómo conseguir la información que queremos y vemos convertidas nuestras preguntas a los pequeños de la casa en un interrogatorio que, lejos de ser una conversación distendida, pasa a ser un momento de tensión en casa que puede acabar incluso en disputa.

            En este post proponemos algunas claves para facilitar la comunicación en familia:

No preguntar insistentemente: en muchas ocasiones nuestro afán o necesidad de saber qué tal les ha ido en el colegio es tan grande que nos produce nerviosismo o ansiedad. Esta sensación de vez en cuando nos juega malas pasadas, de forma que preguntamos de manera insistente, sin dar espacio a respuestas o a que las puedan elaborar. Y esto nos lleva a transmitir nuestro nerviosismo a nuestros hijos, de manera que les “contagiamos”, se agobian y pasan a contestar mal a nuestras preguntas. Lógicamente, al encontrarnos con este tipo de respuestas, nos contrariamos y podemos comenzar una discusión cuando nuestro único interés era saber qué tal día han pasado. ¿Te suena? Para evitar caer en esta situación, lo más útil es hacer pocas preguntas y en cada una de ellas que planteemos, esperar a recibir la respuesta.

Hacer preguntas abiertas: ¿Alguna vez te ha parecido estar participando en un interrogatorio policial?, ¿tus hijos contestan escuetamente a las preguntas que les planteas con un “sí” o un “no”?, ¿te quedas con ganas de saber más? Sí has respondido afirmativamente al menos a una de estas preguntas, te interesa saber que normalmente los niños reciben de los adultos órdenes, imperativos y preguntas en las que no se les permite entrar en detalle, de tal forma que se habitúan a contestar estrictamente a lo que se les pregunta porque el resto parece no generar interés. Además, los adultos tendemos a plantear preguntas dicotómicas, esto es, que se responden con un “sí” o un “no” pero esperamos respuestas elaboradas. Si queremos fomentar la comunicación y el diálogo en el ámbito familiar, lo ideal es plantear preguntas abiertas, que no puedan contestarse simplemente con “sí” o “no”. Ejemplos de este tipo de preguntas serían todas aquellas que lleven las partículas interrogativas “qué”, “cómo”, “cuándo”, “quién”, “dónde”, “por qué”.

Ofrecer información sobre nosotros mismos: no hay nada mejor que el intercambio para fomentar la comunicación en casa. De hecho, ofrecer información sobre cómo ha sido tu día en el trabajo, qué has hecho con tus compañeros o cómo te has sentido, puede servir de modelo para tus hijos. Compartiendo tus experiencias con ellos les estás enseñando que es válido que compartan las suyas y desahoguen sus dudas e inquietudes. Es más, puede que compartiendo tu día a día ellos aprendan de tus experiencias y puedan poner en marcha estrategias de resolución de conflictos que sin tu ayuda no habrían conocido.

Respetar su espacio: aun poniendo en práctica las pautas anteriores, puede darse la situación en la que nuestros hijos rehúsen la comunicación o no consigamos gran consa de ellos. Si esto ocurre, es importante respetar su decisión, necesidades y espacio y dejar de intentarlo, ya que podrían agobiarse y acabar enfadándose por nuestra insistencia. Para ello es importante también ofrecer nuestra disponibilidad, lo cual explicamos en el último punto.

Ofrecer disponibilidad: si tu hijo no quiere hablar en el momento en el que empiezas a plantear tus preguntas, respeta su espacio como hemos comentado en el punto anterior y ofrece la posibilidad de, si lo desea, poder contártelo más tarde. Muchas veces ocurre que no se acuerdan exactamente de lo que ha ocurrido en el día o de la información concreta que les pides. También puede ocurrir que estén ocupados con otra cosa que les requiere más atención en ese momento o que no sepan bien cómo expresarse para responder correctamente. Sea lo que sea, si ofreces la posibilidad de hablar más tarde, seguro que es una oferta bien recibida.

Recuerda que estas pautas sirven para los niños pero ¡también para los adultos!

Y tú, ¿te has encontrado alguna vez en una situación de este tipo?, ¿cómo lo has resuelto?, ¿habitualmente qué estrategias utilizas para hablar con tus hijos?

Si quiere más información puedes consultar:

  • Ballenato, B. (2007). Educar sin gritar. Ed: la Esfera de los Libros. 8º edición.
  • Barreto, A. (2009). Emociones Inteligentes. Ed: CCS.
  • Barrutia Leonardo, A. (2009). La Inteligencia Emocional en la Familia. Ed: Toro Mítico. 2º edición.

O pedir una cita. ¡Te esperamos!

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