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¡Cómo duele!

El otro día me di un golpe en la espinilla y ¡cómo duele! Y eso me hizo pensar en el dolor a nivel
psicológico y cómo lo podemos modular, aumentar o disminuir en función de diversos factores
sobre los que podemos incidir. Así que por eso hoy me gustaría hablaros sobre el dolor y los
factores que influyen en su percepción y que sintamos esa experiencia como más o menos
molesta, dolorosa o incapacitante.
Para empezar, es necesario señalar que hay tres dimensiones que influyen sobre el dolor, ya sea
físico (mi golpe en la espinilla) o psicológico (una ruptura sentimental):
Factores emocionales: aquello que sentimos a nivel psicológico y que produce una respuesta o
activación determinada en nuestro cuerpo y nuestra mente.
Factores sensoriales: aquello que sentimos a nivel corporal físico y que percibimos gracias a
nuestros sentidos, dándonos información acerca del mundo que nos rodea.
Factores cognitivos: aquello que pensamos.
Teniendo en cuenta estos tres factores, podemos observar cómo regulan nuestra sensación de
dolor, de tal manera que pueden abrir o cerrar la puerta al dolor según el momento, la intensidad y
cómo vivamos la experiencia.
Volviendo a mi espinilla, la situación fue la siguiente: estaba jugando con mi hija y en un
movimiento en el que no miré, me di con el pico de la mesa. A nivel emocional estaba viviendo
una situación positiva, alegre, lo que ayuda a cerrar esa puerta al dolor. Si por el contrario,
hubiese estado triste o enfadada, la duración de ese dolor podría haberse alargado.
Además, a nivel sensorial, lo que noté fue el golpe y nada más, ¿qué habría pasado si ya tuviese
la zona dolorida de un golpe anterior o una quemadura? Seguramente me habría dolido más
intensamente y durante más tiempo.
Por último, lo que pensé fue “ay, qué golpe más tonto, a ver si tengo más cuidado”. Si hubiera
pensado que soy una inútil por no saber moverme con agilidad para evitar objetos que no he visto
o si el golpe me lo hubiese dado alguien y hubiera pensado que éste era a propósito, la vivencia
del dolor habría sido distinta, seguramente, me hubiese centrado más en ello, lo habría percibido
como más doloroso y me habría durado más.
Esto que me pasó con mi espinilla es solo un ejemplo. Sentimos infinidad de tipos de dolor en
momentos muy diversos de nuestra vida. Y según cómo sea nuestra experiencia, también lo
recordaremos de una forma muy distinta. Hay estudios que demuestras que el dolor de parto es
mucho peor que el dolor que pueda producir una intervención en el dentista, pero con el paso del
tiempo este último se recuerda mucho peor porque el primero tiene una carga positiva muy
importante: el nacimiento de un hijo, que hace que la percepción que tenemos de ello modifique la
vivencia del dolor.
Saber esto es de gran utilidad para esas personas que sufren de algún tipo de dolor crónico,
fibromialgia, cefaleas, migrañas, dolor de espalda, contracturas, debido a intervenciones
quirúrgicas o algún otro tipo de patología. No solo ayuda a entender por qué unas veces es más
doloroso que otras, sino que ¡nos permite conocer la forma de reducir ese dolor de una forma más
rápida!
Y tú, ¿qué haces cuando sientes dolor? ¿Conocías estos datos?
Foto: Shauking en Pixabay (qué poquito me gusta exagerar :P)

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