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Cómo detectar la violencia de género.

Como se ha señalado en numerosas ocasiones, no existe un perfil de mujer víctima de violencia de género. Cualquier mujer, pertenezca a la condición social que pertenezca, sea de la religión que sea, tenga el nivel de estudios que tenga, es susceptible de encontrarse en una relación violenta, ya que no es algo que ella elija, sino algo que poco a poco se le impone.

A pesar de esto, es cierto que se pueden señalar algunas características comunes en las mujeres que sufren violencia en su pareja, pues las agresiones tanto físicas como psicológicas, económicas o sexuales, acaban por producir lo que se ha denominado “síndrome de la mujer maltratada”.

Una de las primeras consecuencias que podemos señalar es la sensación de seguridad nula o mermada que sufren estas mujeres, pues no la pueden encontrar dentro del hogar o la propia familia al convivir con su agresor. Esta falta de seguridad se puede extender a otras áreas de la vida, ya que se puede temer la presencia del agresor, por ejemplo en el trabajo o en la calle.

Otra de las consecuencias que encontramos es la pérdida del sentido de las cosas: normalmente tendemos a dar una explicación a las consecuencias que sufrimos en la vida, pero al percibir que las agresiones sufridas no dependen de la conducta de sí misma, la mujer agredida empieza a dudar del sentido del mundo y los sucesos.

Asimismo, se perciben pocas o ninguna alternativa a la situación vivida, se presenta una baja autoestima y percepciones negativas acerca de sí misma –motivadas por el discurso del agresor, quien en muchas ocasiones le ha podido repetir que no sirve para nada-, se desarrolla un continuo de tolerancia al maltrato (ya que las agresiones no cesan y van subiendo de intensidad de forma sutil a medida que la mujer se va habituando a las intensidades anteriores y deja de percibirlas como algo negativo).

Igualmente, cuando una mujer se encuentra en una relación de violencia de género puede sentir miedo, nerviosismo, evitación, presentar dificultades para dormir y para concentrarse, ira, rabia, odio, vergüenza, tristeza e incluso llegar a pensar en el suicidio como única solución a la situación que vive.

Por último, también es importante señalar la dificultad que pueden tener las víctimas para establecer nuevas relaciones o mantener los vínculos anteriores a la relación, ya que en muchas ocasiones, el agresor trata de aislarla de todo su entorno, lo cual a su vez sirve para intensificar el apego a éste, al ser una de las pocas personas con las que la mujer tiene contacto.

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