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Cómo tener paciencia con los niños: una guía práctica para no morir en el intento

Muchos sois los que me pedís pautas para tener paciencia con vuestros hijos y matarlos/ desesperaros. Y es que es cierto que muchas veces llegamos al límite.

Foto de Ksenia Chernaya en Pexels

En muchas ocasiones el problema puede ser de ritmos: queremos que hagan las cosas a una determinada velocidad y ellos van más despacio, como si el tiempo no tuviera importancia (eso que tanto valoramos los adultos).

Otras veces el problema es de opiniones, intenciones o preferencias: quiero que hagan una cosa y ellos prefieren la contraria/ otra que no tiene nada que ver.

Cuando llevamos varias de estas acumuladas o, simplemente, llevamos un mal día o estamos cansados, puede darse el conflicto, una discusión, una rabieta o un castigo. En este momento, los padres nos solemos sentir mal, puede que culpables o enfadados por la situación, porque no es como nos gustaría que se hubiese desarrollado.

El post de hoy está pensado para que seamos los padres los que tratemos de empatizar con los hijos, ponernos en su lugar y entender cómo se pueden estar sintiendo para poder generar más paciencia y comprensión hacia ellos.

  1. En esta misma situación, ¿cómo te habrías sentido tú? Es temprano, por la mañana, quieres ver tu serie favorita y llega tu pareja a decirte todo lo que tienes que hacer y además que lo quiere para ya, ¿cómo te sentirías? Puede que te agobiases, puede que te enfadases; desde luego la respuesta no sería positiva, ¿Por qué esperamos de nuestros hijos que respondan con una sonrisa en la boca y además hagan lo que pedimos en el momento que lo pedimos? Puede que estén haciendo algo importante para ellos. Una idea que puede ayudar es darle un margen de tiempo para hacerlo o concretar un momento para ello. También ayuda dar a elegir el orden o las posibilidades.
  2. En esta misma situación, ¿cómo te dirigirías a un adulto? En general, el trato que se le da al niño no es el mismo que se le da al adulto. A un niño tendemos a ordenarle lo que hacer, al adulto le hacemos peticiones. Incluso cuando esa petición en realidad es una imposición o algo que se debe hacer, tendemos a formularlo en forma de petición y solemos ser más asertivos, ¿por qué con los niños no? Está claro que no todo el mundo ni en todas las ocasiones, pero si suele haber una relación de desequilibrio en la que, como el adulto debe guiar al niño en su desarrollo, se confunde con ordenar, mandar y asumir que todo lo que decimos debe cumplirse. A veces olvidamos que se trata de personas, con sus propios puntos de vista y que nuestra labor como adultos es esa guía, que se ejerce mucho mejor desde el respeto, el mismo que tendríamos a un adulto. Prueba a hacer peticiones y a combinarlas con cariño, explicar las consecuencias que tendrá el que actúe tal como se le pide y a dar opciones, les encanta elegir (supongo que como a los adultos, que nos sentimos libres porque tomamos nuestras propias decisiones).
  3. Intenta recordar cómo eras cuando tenías su edad. Sí, también tuviste su edad. Y sí, muy probablemente tu comportamiento en alguna ocasión fue parecido. Todos hemos sido desobedientes en algún momento y también hemos tenido rabietas. Encontrar estas similitudes te ayudará a entender lo que le está pasando en ese momento, a empatizar y a darle el tiempo que necesita para manejar y gestionar sus emociones. Los adultos aprendimos esa gestión porque pasamos por esas situaciones en el pasado. Darle tiempo para experimentar esas emociones le ayudará a aprender a gestionarlas. En el momento álgido lo mejor es darle tiempo, después podremos hablar sobre lo ocurrido, cuando los ánimos estén más calmados.
  4. Pide “tiempo muerto”. Hay veces que los adultos sentimos que no podemos responder a todas las demandas que nos plantean los niños. Por eso, si tus niños comprenden ya el lenguaje oral, puedes pedir que te dejen unos minutos de “tiempo muerto” para recuperarte y estabilizar tus emociones. De esta manera, podrás manejar mejor las situaciones y tener menos momentos de discusiones familiares llevadas por la intensidad emocional.

Espero que estas recomendaciones te sean de ayuda.

¿Cómo gestionas los conflictos en casa? ¿Qué suele funcionarte? ¡Te leo!

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